El mito de que la inversión sostenible (aquella que tiene en cuenta factores ambientales, sociales y de gobernanza, además de los financieros) detrae rentabilidad continúa cayendo poco a poco. Al menos, entre los inversores institucionales, tal y como se desprende de una encuesta realizada por la gestora de activos global Macquarie AM entre 180 inversores de todo el mundo, con más de 21 billones de dólares en activos bajo gestión.

Una de las conclusiones del sondeo es que tres cuartas partes de estos inversores institucionales (el 74% de los mismos) considera que una buena estrategia de sostenibilidad mejora los retornos financieros, frente a un 23% que asegura que no tiene impacto material alguno, y un residual 3% que afirma que sacrifica rentabilidad. Estos resultados están en línea con los del sondeo previo, realizado en 2019.

Sí se aprecia un cambio llamativo, respecto a los datos de hace dos años, en lo que respecta a la influencia que tienen los factores ESG a la hora de tomar decisiones de inversión: ahora, el 50% de los encuestados afirma que éstos tienen una influencia «significativa» (frente al 32% en 2019). Y el 21% de ellos señala que estas cuestiones guían sus inversiones, frente al 10% de 2019.

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