Los Acuerdos de París establecieron como objetivo la reducción de las emisiones de CO2 en un 40% antes de 2030, esto significa, solo en Europa, y con los datos de la web oficial de la Unión Europea de diciembre de 2019, que “se necesitarán 260.000 millones de euros de inversión anual adicional, por lo que será necesaria la colaboración tanto del sector privado como público y supondrá que al menos un 25% del presupuesto de la UE tendrá que ir destinado a acciones contra el cambio climático. La comisión europea pretende ser aún más ambiciosa y pretende rebajar las emisiones en un 50% o un 55% ya para el año 2030”. 

Esto afectará a sectores como el energético,  el industrial/automoción, transporte y tecnológico, por nombrar solo los más evidentes, aunque  todos los sectores en mayor o en menor medida demandan  esa adaptación. Otro ejemplo de necesidad de  inversión millonaria es el  del sector de la construcción, entre 12 y 16 millones de viviendas en España (aproximadamente el 60% de nuestro parque de viviendas ) precisan la mejora de su eficiencia energética. Estos datos de inversión, unidos al objetivo de la Unión Europea  del llamado “EU Green Deal” para descarbonizar la economía  de la UE y transformarla de pleno en  sostenible,  con cambios  en el modelo social y económico de la Unión Europea, convierten al  sector financiero en una pieza clave de todo este proceso de transición ecológica, que sin lugar a dudas debe caminar hacia un modelo de innovación en finanzas sostenibles. 

Entender las nuevas lógicas económicas y de negocio que se están generando en todos los sectores, que cada vez compiten en escenarios más complejos, es fundamental  para el desarrollo de los mismos. El sector financiero ha iniciado este tránsito hacia la sostenibilidad poniendo  en marcha iniciativas  como la creación por toda Europa de Centros de Finanzas Sostenibles o  los Principios de Banca Responsable a los que numerosos bancos, entre ellos varios españoles y la Asociación Española de la Banca, se han adherido públicamente. Estos Principios están orientados a alcanzar  los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) marcados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde el ámbito de las autoridades, la Comisión de Expertos del Alto Nivel de la Comisión Europea (HLEG) lleva trabajando desde el 2016 para cumplir el mandato de preparar un plan integral e introducir reformas a lo largo de toda la cadena de inversión con el fin de construir una estrategia de financiación sostenible para la Unión Europea (UE). Esta Comisión, en junio del pasado año 2019, elaboró un informe sobre la taxonomía y certificación de los bonos y emisiones verdes, que está ejerciendo una influencia decisiva en la configuración de un mercado financiero europeo sostenible.

Estas nuevas lógicas, en muchos casos, rompen con conceptos tradicionales y van a jugar un papel decisivo en los nuevos ecosistemas multisectoriales que sin duda se van a imponer a corto plazo. La aportación del sector financiero será, en muchos casos, clave y de gran valor para las operaciones corporativas y proyectos sostenibles que se generarán en estos “entornos poco tradicionales”. Eliminar las limitaciones de los sectores, buscando alianzas con compañías que están fuera de estos, los nuevos modelos de propiedad y de uso en distintos aspectos de la sociedad , la concienciación hacia la banca responsable, la innovación y la sostenibilidad como objetivos prioritarios en los productos financieros a corto y a medio plazo, van a traer grandes proyectos en estrecha colaboración con la industria sostenible, la movilidad futura, la renovación y construcción eficiente, o la biodiversidad, por poner algunos ejemplos.

En mi opinión, el apellido “sostenible” para el sector financiero, lejos de ser “flor de un día”, está echando raíces y ha llegado para quedarse.

Carlos Aguayo
CEO
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