Son muchas las expectativas puestas sobre la regulación europea para armonizar los criterios de inversión sostenible de los fondos verdes europeos. No obstante, de momento, los retrasos acumulados y la falta de claridad han causado efectos no deseados para la industria de fondos y los inversores.

En particular, la distribución transfronteriza de los productos de inversión con enfoque ambiental, social y de buena gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) pasa por apuros ante las divergencias de las directrices de los supervisores locales en la Unión Europea.

«Hay una variedad de pautas nacionales que no son fáciles de comparar tanto para los administradores de activos como para los inversores, ya que se imponen diferentes requisitos para los productos financieros sostenibles», explica Mathilda Loussert, asesora de política regulatoria de Efama.

¿Cómo es posible? Tras la entrada en vigor el pasado mes de marzo del nivel 1 del Reglamento de Divulgación de información relativa a la sostenibilidad en el sector de los servicios financieros (SFDR), quedan pendientes los criterios técnicos (RTS) finales.

Ahí se recogerán los detalles sobre la categorización de los fondos verdes europeos SFDR del artículo 6, el artículo 8 y el artículo 9, es decir, se profundizará sobre qué diferencia un fondo que promueve características de sostenibilidad (verde claro) de otro que tenga un objetivo de inversión sostenible (verde oscuro).

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