La inversión ESG (la que tiene en cuenta criterios ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo) sigue atrayendo flujos de dinero a ambos lados del Atlántico. Este universo de fondos alcanza ya los 3,4 billones de dólares en activos en Europa y los 330.000 millones de dólares en Estados Unidos, según el último informe trimestral de flujos de Morningstar, que recoge datos a cierre de septiembre.

La gran distancia que separa las cifras de una y otra región se debe fundamentalmente a la entrada en vigor del Reglamento Europeo de Divulgación en marzo, que ha empujado a las gestoras a etiquetar sus productos como sostenibles (y les ha indicado cómo hacerlo, estableciendo una distinción entre los fondos verde claro y los verde oscuro, en sus artículos 8 y 9, respectivamente).

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