En medio de unas negociaciones comerciales se coló un ciberdelincuente consiguiendo cerrar la operación, suplantando la identidad de ambas partes, y a partir de ese momento se esfumaron 91.500 euros.
Parece ser que el autor -o autores- de la estafa modificó algún carácter de los dos correos electrónicos empleados por ambas partes logrando que ambas partes aceptasen sus condiciones de compraventa: un pedido de nada menos que 10.000 kilos de almendra ecológica por 91.500 euros