El camino de cualquier concepto, una vez asentado y generalizado, es tortuoso y debe sortear críticas, detractores y voces discordantes. Es lógico y, hasta cierto punto, positivo.
Como declara Forbes en este artículo :»aunque los proveedores de calificaciones ESG pueden ofrecer perspectivas útiles sobre el impacto no financiero de las empresas, hay deficiencias sustanciales en sus objetivos, metodologías e incentivos que hacen que sus evaluaciones finales sean menos útiles».
Además del continuo debate jurídico sobre el propósito de una corporación, existe una preocupación creciente entre inversores acerca de los principios ESG, difusos e intangibles. En un panorama global delimitado por el rendimiento, es normal que el encaje de este concepto sea bien recibido por todos. Pero quizás esta mentalidad orientada a resultados también deba tener en cuenta el largo plazo, con una visión más amplia y completa del objeto social, como dice al final MICHAEL PEREGRINE, «sentirse cómodas avanzando»